¿QUÉ NOS DEPARA EL AÑO ECONÓMICO 2019?

Comienza un nuevo año. Proyectar el curso económico del 2019 presenta elevadas incertidumbres y algunas certezas. Una de estas últimas es que la economía global se encuentra en una fase de desaceleración. Existe la convicción que el ciclo expansivo económico iniciado después de la Gran Recesión ya tocó su techo. En junio, esta fase de la economía de EE.UU, la mayor economía del mundo, será el más largo desde la Segunda Guerra Mundial. A ello contribuyó la reducción de impuestos corporativos impuesto por Donald Trump, preocupado fundamentalmente por la evolución económica en el corto plazo. Esta política, acompañada con el incremento del gasto público, se mantiene al iniciarse el año como un factor de estímulo económico, aunque con un impacto descendente en la medida que las mayores utilidades corporativas obtenidas en un alto porcentaje no se traducen en incrementos de inversiones con incidencia en la actividad económica.

“En 2019 –escribió Joseph Stiglitz, teniendo en cuenta las decisiones trumpianas- serán muchos más visibles las consecuencias de dos años de medidas erradas y de un modo de hacer política todavía peor. Hace un año -añadió-, la codicia desenfrenada de los líderes empresariales y financieros de Estados Unidos les hizo olvidar su aversión al déficit fiscal. Pero ahora están viendo que el paquete impositivo de 2017 fue la ley tributaria más regresiva y a destiempo de la historia. Como resultado de la ley, el Departamento del Tesoro prevé para 2018 un déficit de US$ 1 billón; es el mayor déficit en tiempos de paz no recesivo que haya tenido cualquier país en toda la historia”. “El crecimiento mundial –declaró a su turno Janet Henry, economista jefe del banco HSBC- ha tocado techo. Esto sirve también para EE.UU –agregó- que en 2019 todavía crecerá por encima del potencial, ayudado por los recortes de impuestos. En Europa los datos del tercer trimestre, fueron peores de los esperados, lastrados por la situación de Alemania, aunque se espera una recuperación en el cuarto trimestre.

El 3 de enero nominándose como presidenta de la Cámara de Representantes la demócrata Nancy Pelosi constituyó una demostración viva del nuevo escenario político que enfrentará Donald Trump en la segunda mitad de su mandato presidencial. “Nuestra democracia –manifestó al asumir la nueva presidenta- se refuerza con el optimismo, el idealismo y el patriotismo de esta nueva promoción transformadora”, destacando la lucha contra las desigualdades, teniendo presente en particular a los sectores medios y el combate contra el cambio climático “la amenaza existencial de nuestros tiempos”.

La evolución de la economía china constituye otro punto central a tener en cuenta. Su alto nivel de crecimiento durante la década constituyó un factor determinante en el nivel de crecimiento económico global. “Pero ahora- comentó Janet Henry- vemos una evolución más lenta, aunque las autoridades chinas han reaccionado para que la situación no se les salga de las manos con un mayor gasto en infraestructuras. Creemos que estos estímulos seguirán en 2019 -proyectó- facilitando el acceso al crédito selectivo y al recorte de las tasas”. China desplegó también desde hace meses medidas de estímulo monetario, que deben entenderse teniendo presente la estructura del sistema comercial bancario del país que es mayoritariamente estatal.
Al cerrar 2018, el sector manufacturero de la potencia asiática experimentó un proceso contractivo. El índice sectorial registró 49,7 puntos, por debajo del umbral superior a 50,0 que indica expansión. El análisis efectuado por la instancia que lo da a conocer consignó que el descenso se produjo por el debilitamiento externo de la demanda, fenómeno atribuido a las tensiones generadas a causa de la guerra comercial. “El arrastre de la débil demanda sobre la producción –comentó el director de análisis macroeconómico del organismo, Zhengsheng Zhong- puede hacerse gradualmente más evidente. Parece cada vez más probable –proyectó- que la economía china se vea sometida a una mayor presión a la baja”.

En el análisis debe tenerse presente necesariamente la evolución general del ciclo global después que se salió de la Gran Recesión, que durante estos años se expresó en un crecimiento lento inferior al alcanzado por los factores productivos de regiones claves como la eurozona y Japón. “(…) estamos –caracterizó la economista jefa del HSBC- en una fase avanzada de un largo ciclo económico. En EE.UU concretamente es el segundo de mayor duración desde la Segunda Guerra Mundial. No sería inusual que a una expansión de una década al final del ciclo de ajuste de la Fed le siga una recesión. En este momento –precisó- , nuestras proyecciones, que se extienden hasta 2020, no incluyen una recesión ya que esperamos que la Fed se ajuste con cautela y mantenga los tipos en espera de la segunda mitad de 2019. No obstante, estamos pronosticando una desaceleración más marcada en 2020 a medida que el estímulo fiscal se desvanezca”.

La perspectiva posible de una recesión está presente en la generalidad de los análisis, como ya lo hemos destacado a partir de la intervención efectuada por Nouriel Roubini en el encuentro efectuado con invitados extranjeros en La Moneda durante diciembre. La política de incremento de las tasas de interés por la Fed pasó a ser un tema polémico al recibir permanentemente críticas explícitas de Donald Trump, que se rige por las perspectivas de evolución de la economía en el corto plazo. Pero, el proceso de normalización monetaria de la Reserva Federal no descansa exclusivamente en utilizar el mecanismo de las tasas de interés, además se compone de ir disminuyendo el balance de activos financieros en su poder, que creció espectacularmente debido al relajamiento cuantitativo, adquiriendo títulos financieros en el mercado, ante todo bonos del Tesoro, que es el mecanismo utilizado para intentar hacer manejable el déficit fiscal, que también aumentó en flecha a causa de la reducción de impuestos y el incremento del gasto público. La reducción del balance de la Fed cada vez está más presente en la reacción del mercado y la elevada inestabilidad que ha tenido.

Desde luego, la normalización monetaria no es solo un tema presente para la Reserva Federal estadounidense. Es un proceso que viven con otro ritmo y en un escenario de actividad económica diferente el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón. Este curso conduce necesariamente a otra reflexión sobre los recursos posibles a utilizar por los principales bancos centrales en caso de producirse un cuadro de recesión. Debe recordarse que su accionar fue determinante para enfrentar positivamente la Gran Recesión, lo cual resultó a la vez insuficiente visto en conjunto por la debilidad de los estímulos fiscales. ¿Volverán a recurrir al relajamiento cuantitativo?, es un interrogante planteado. Seguramente en una alternativa recesiva se produciría un mayor empleo de tasas de interés de políticas monetarias negativas.

El escenario al inicio de 2019 es diferente al existente hace un año atrás, cuando el Fondo Monetario Internacional constataba se había producido una fase –que duró muy poco- de crecimiento sincrónico a nivel global. Eso ya no existe, fue reemplazado primero por un cuadro de estancamiento y luego de desaceleración. Además, hay una presencia muy fuerte de hechos que explican el cuadro de incertidumbre, que obviamente no solo se reduce a lo que acontezca en las dos mayores economías mundiales. El conjunto de interrogantes es gigantesco. Por ejemplo, lo que acontezca finalmente con el Brexit. La única certeza que se tiene al respecto a inicios de 2019 es que el 29 de marzo expiran los dos años de negociación previstos por el articulo cincuenta del tratado de la Unión Europea (UE) y debería concretarse como se produce la separación del Reino Unido, la quinta economía mundial por la magnitud de su producto, usando las estadísticas del año 2017. Está sin resolverse por el Parlamento del Reino Unido si se acuerda o no el tratado transitorio concordado por Theresa May con la UE para proceder a esta salida, el cual todos los antecedentes llevan a la conclusión que sería rechazado. A partir de ese momento, el 14 de enero, el abanico de posibilidades es inmenso, teniendo como protagonista central lo que acontezca en el Reino Unido. Sin duda, que ello tiene consecuencias globales. El presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean-Claude Juncker, ha declarado que “estoy trabajando con el supuesto de que se irá (el Reino Unido de la UE) porque eso es lo que han decidido los ciudadanos (…)”.

Otro tema a tener en cuenta es el considerable incremento de los niveles de deuda tanto pública como privada. La deuda total acumulada, dada a conocer por el FMI, alcanza a US$182 billones, monto un 60% superior al existente en 2007 cuando se produjo la crisis subprime. Por eso, Christine Lagarde, directora gerente del Fondo, ha recordado insistentemente que “Gobiernos y empresas son ahora más vulnerables a un endurecimiento de las condiciones financieras”. Desde luego, entre los países más afectados está Argentina, que inició 2019 en recesión, al cumplir con el contractivo plan de ajuste comprometido con el FMI. La última semana del 2018, el Gobierno de Macri publicó el reglamento de un gravamen a las rentas financieras obtenidas desde enero del 2018 si han obtenido ganancias que superan los US$1.700. El tributo es de 5% si las utilidades se produjeron con operaciones en pesos argentinos y de 15% si las inversiones fueron en dólares. La reglamentación de la ley no considera la desvalorización del dinero producida por la inflación, cuando ella durante el 2018 estuvo en el nivel del 50%.

En la región, el año 2019 se inició además con la instauración en Brasil del Gobierno en Brasil de Jair Bolsonaro. En su primer día formal como presidente se reunió con el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, a quien le expresó la decisión de “establecer una alianza estrecha” entre ambos gobiernos. Efectuando ambos el pronunciamiento público de “trabajar juntos contra los regímenes autoritarios”, proponiéndose el objetivo de actuar para que vuelva la democracia” a Venezuela, Cuba y Nicaragua, acordando, por tanto, sin tapujos una actitud abiertamente intervencionista en otros países latinoamericanos.

Chile por el carácter de su economía, pequeña, abierta al extremo al mundo, muy dependiente por lo tanto de la evolución del ciclo global y, particularmente a lo que acontezca en el intercambio comercial y en el movimiento de capitales, además de una fuerte incidencia de lo que ocurra en el ciclo de las cotizaciones en materias primas, ante todo del cobre y del petróleo, fundamentales en las variaciones que experimenten los términos de intercambio, que es una variable determinada fuera de las fronteras del país y que gravita en la evolución interna. A pesar de la importancia que tienen los hechos externos en lo que sucede en el acontecer nacional, estos acontecimientos no se incluyen suficientemente en los análisis oficiales, tanto en el IPoM del Banco Central, como en las estimaciones del presupuesto fiscal efectuadas por el ministerio de Hacienda.

“Si miramos con más detalles los indicadores líderes que han mostrado un mayor deterioro –escribió Rodrigo Aravena, economista jefe del Banco de Chile, controlado por el grupo Luksic y el consorcio estadounidense Citigroup- son aquellos relacionados con expectativas, principalmente la evolución de la confianza de los consumidores, de empresarios y el mercado bursátil. (…) ello deja entrever que la economía se desacelera pero que la inversión seguirá siendo un motor de crecimiento relevante. Es razonable esperar –proyectó- una exposición en torno a 3,5% en 2019 y algo no muy distinto hacia 2020”.

El mes de noviembre registró cifras particularmente bajas. El comercio, de acuerdo con datos del INE, experimentó un crecimiento de apenas 0,6%, produciéndose una caída en bienes durables de 4,7% en cifras anualizadas. Por su parte, el índice de producción industrial lo hizo en solo 0,4%. “(…) hemos revisado –señaló Alejandro Fernández de Gemines Consultores, al comentar estos datos- nuestra proyección de Imacec para noviembre es de 2,2% a 1,8%. Con esto –concluyó-, lo más probable es que el año cierre con un 3,9%, pero no es descartable que podría ser, incluso, de 3,8%”.

En diciembre, el Índice de Percepción de la Economía, elaborado por Adimark, llegó a 44,6 puntos, perdiendo 8,5 puntos en el año, su mayor caída anual desde 2014. El indicador, cuando este se encuentra bajo los 50 puntos está en zona pesimista, experimentando tal estado de ánimo por cinco meses consecutivos, desde agosto, cuando sufrió su mayor descenso. El de diciembre fue su nivel más bajo desde septiembre de 2017. “El indicador muestra –manifestó Max Purcell, gerente general de GfK Adimark- que se perdió todo el stock de confianza que este gobierno le generó a la población de Chile”. Los sectores socioeconómicos más pesimistas fueron los estratos D y E con un nivel por segundo mes consecutivo de 40,6 puntos. El que más descendió con relación a noviembre fue el C2 al bajar más de un punto anotando 49,4. El ABC1 se mantuvo en zona optimista.
Ante esta realidad, la visión de Sebastián Piñera sobre la situación del país se fue modificando. Dejó de hablar de “tiempos mejores” cuando la economía se desaceleró en el segundo semestre. Para entonces pasar a utilizar como lema “Chile en Marcha”, haciendo suyo el lema de Macrón en Francia, que se derrumbó ante el cuadro de protestas lideradas por “los chalecos amarillos” para finalmente en su discurso con motivo de año nuevo demandar “sigamos trabajando para poner a Chile en Marcha”. Por su parte, Felipe Larraín reconoció al comenzar 2019 –usando como referencia los últimos antecedentes disponible en ese momento- que la economía ha ido perdiendo fuerza, considerando que durante 2018 el país crecería” en torno a 4%”.

De crecer la economía finalmente en 2018 un 4%, ello significaría que el crecimiento en el segundo semestre, como hemos destacado en comentarios anteriores, fue de a lo más de un 3%, teniendo en cuenta el crecimiento elevado del primer semestre. La economía chilena vivió una larga etapa, que hemos denominado de “recesión con crecimiento”, para un lapso en que el producto anual creció constantemente por debajo del incremento de los factores productivos. Esta etapa se inició en 2013, durante los últimos meses de la primera administración de Sebastián Piñera y se extendió hasta el segundo semestre de 2017, al final del Gobierno de Michelle Bachelet cuando la economía comenzó a crecer proceso que se frenó a mediados del año pasado.
Debe subrayarse que entre los “indicadores líderes” de mayor deterioro en 2018 se encuentra el mercado bursátil. El IPSA experimentó en el año una caída de 8,3% su peor desempeño desde 2013, ambos ejercicios durante las administraciones de Sebastián Piñera, quien luego de la elección presidencial y los primeros meses de su actual gobierno se adjudicó como un éxito propio la fase ascendente del indicador, el cual sin duda está influido por las expectativas, las cuales pueden ser favorables o negativas. Desde luego que en el período de descenso dejó de vincularlo a su nombre. Una experiencia en este sentido similar está viviendo Donald Trump.

Hugo Fazio
Enero 2019