MARTE

Por Aníbal Ricci

A las 0900 Juan despegó de la colonia Elysium con destino a Tharsis. Al día siguiente cenará con Roberto en las instalaciones ubicadas a los pies del monte Olimpo. Ambos nacieron en la Tierra, en una ciudad al oeste de la cordillera de los Andes. Hicieron amistad mientras cursaban sus doctorados de astrofísica en la universidad de Princeton. Alumnos aventajados, a los pocos años se integraron al programa que desarrollaba Misión Planetaria, organización que pretendía lograr asentamientos en otros planetas y lunas del sistema solar.

–Alexander sintetizó estas cápsulas, me dijo que alteraban por una hora la sinapsis de nuestros implantes cerebrales.
–Me encanta desconectarme –respondió Roberto– y permitir a mi cerebro rescatar pensamientos inconexos.

En los rostros de ambos se dibuja un rictus de miedo a lo desconocido, es extraño que junto con la privación de información pueda subsistir una especie de esperanza, el cerebro analógico necesita de la fe en el futuro, requiere de la producción de neurotransmisores para seguir adelante.

–Desde que inventaron los dispositivos de traducción nunca más dependimos de los idiomas.
–Los colegios dejaron de enseñarlos –complementó Roberto–. Me costaba mucho el inglés debido a que estudié en un liceo municipal, de esos con número, recuerdo que mis compañeros de universidad me miraban en menos, conversaban en fluido inglés cada vez que me acercaba a ellos, me hacían sentir como un pobre de mierda.
–No me acordaba de las diferencias que provocaba el dinero. Esos resentimientos se olvidan luego de muchos años conectado a la red.

Los implantes cerebrales surtían al cerebro de específicas dosis de endorfinas y serotonina con el objeto de calmar la ansiedad y producir un estado de ánimo parecido a la antigua sensación de felicidad.

–Están increíbles las cápsulas de Alexander –interrumpió Roberto–. Me hacía falta un poco de excitación. Esos estirados de mierda iban en auto a la universidad.
–Cálmate amigo. Es bueno drogarse de vez en cuando, aunque convengamos que tus pensamientos no son del todo constructivos.
–¿Recuerdas lo costosa que era la universidad? Los créditos que otorgaban las instituciones financieras te mantenían atado de por vida.
–Todo cambió cuando AXON subió los primeros cursos en línea –alucinó Juan–, educación estandarizada focalizada en incentivar habilidades. Primero aparecieron los navegadores de código abierto, los motores de búsqueda gratuitos, AXON eliminó la enseñanza de idiomas y los ramos de historia en cada país, barrió con todo aquello que podía ser encontrado fácilmente en internet.

Roberto y Juan miran las estrellas desde el observatorio Olimpo. De pensamientos humillantes transitan hacia emociones exaltadas de plenitud.

–El sexo sin implantes cerebrales tampoco me parece satisfactorio –agregó Roberto–. Recuerdo cuando vivía con mi esposa en los Estados Unidos, yo la amaba, era una gringa hermosa. Cada vez que conversaba con ella mi cabeza se llenaba de flashazos inconexos, de lugares donde quería llevarla para ser aún más felices.
–¿Echas de menos la vida familiar?
–Mi memoria ha ido desapareciendo desde que estamos conectados a la red. Ahora prefiero tener sexo de vez en cuando y sentir múltiples estímulos.
–Pareciera que ya no podemos vivir sin las imágenes digitales.

El efecto de las cápsulas fue cediendo. Roberto intuía que era preferible drogarse mientras estaban conectados, de lo contrario, al desconectarse de improviso, aunque fuera por unas horas, quedaban expuestos a un vacío indefinible, a una tristeza inconmensurable que sin los implantes cerebrales hacía muy difícil sobrellevar la existencia.

–La traducción instantánea permitió enseñar lo mismo en todas las latitudes.
–El software libre dejó fuera del negocio a las transnacionales, apenas el servicio de internet se volvió universal ya no pudieron cobrar por la enseñanza.
–¿Te acuerdas de los políticos que luchaban contra el lucro? –Rio Roberto–. Querían educación gratuita y de calidad, pero se enfocaron en una educación provista por el estado.

Los recuerdos, activados por lo antes conocido como memoria, fueron disminuyendo su intensidad. Las personas vivían conectadas a la red y la memoria perdió su utilidad. Se atrofiaba y desacoplaba de las emociones, el presente experimentaba una multiplicidad de estímulos que parecían no requerir de una ubicación en el tiempo.

–AXON incorporó las mejores herramientas de los mejores educadores del mundo, el eslogan de la educación dejó de tener sentido y la gente al volverse educada dejó de requerir el servicio de los políticos.
–Fue la primera batalla que perdieron las transnacionales –especificó Roberto–. Surgieron empresas sin fronteras que ponían el conocimiento a disposición de la humanidad, con ideas de científicos y especialistas provenientes de todas partes del mundo.
–Los políticos no supieron qué hacer frente al número creciente de empresas de código abierto.
–Dejaron de recibir regalías por favorecer proyectos –rio otra vez Roberto–. Desaparecieron políticos oportunistas y empresarios inescrupulosos, se mató a dos pájaros de un tiro.

La memoria antiguamente estuvo constituida por recuerdos, pero la ciencia permitió depositar esas emociones en artilugios externos. Las fotografías se almacenaron primero en ordenadores, pero rápidamente viajaron hacia nubes dentro del ciberespacio.

–Los gobiernos propiciaron el desarrollo de habilidades –intervino Juan.
–Su nueva función consistió en llevar la tecnología a toda la población.

La memoria ya no dependía del tiempo, sino de la realidad virtual que viajaba a través de internet.

–Algo parecido ocurrió con la salud –agregó Juan–. Los avances científicos dejaron de tener fronteras y pronto las fronteras de los países ya no tuvieron sentido.
–¿Te acuerdas de la supresión de la publicidad?
–Primero gravaron la publicidad con fuertes impuestos, pero luego las naciones prohibieron el aprovechamiento de las imágenes.

El subconsciente dejó tener importancia cuando los seres humanos fueron alojando los recuerdos en algo externo, el espíritu por decirlo de alguna manera ya no habitaba en el alma humana, sino en el espacio del conocimiento compartido, representación electrónica de lo que antes se denominaba «inconsciente colectivo».

–Prohibir la publicidad fue tan ridículo como prohibir el lucro en educación –rio una vez más Roberto–. Una vez que aprobaron el uso de implantes cerebrales, obviamente gratuitos, las imágenes dejaron de ser gravitantes al no estar asociadas a las emociones.

Ancestralmente, la esperanza funcionó como motor de la humanidad. El hombre era tiempo y esperanza. Nada ocurría en el mismo instante en que se pensaba, había que esperar los acontecimientos, había que esperar porque la vida consistía en esperar.

–Los implantes administraban neurotransmisores que impedían a los individuos salirse de sus casillas.

La memoria externa reemplazó la función del tiempo. La información de la red completa los vacíos con realidades paralelas que suceden al mismo tiempo.

–La publicidad dejó de generar ansiedad –reparó Roberto–. Quizás nuestras mentes se uniformaron cuando las emociones perdieron su amplitud de rango.

Una memoria borrosa donde conviven diferentes eventos, una simultaneidad del tiempo donde las emociones han sido atenuadas.

–Gracias a Dios las religiones dejaron de existir –dijo Juan de improviso.
–La publicidad celestial, querrás decir.
–De todas formas, echo de menos la incertidumbre del pasado –concluyó Juan–. Supongo que nuestra esperanza en el futuro desapareció con nuestros recuerdos analógicos.
–Ya no podremos imaginar –se entristeció Roberto–, las imágenes de la red se superponen unas a otras.
–La felicidad es un recuerdo borroso, ahora el tiempo y nuestra realidad dejaron de ser ese montón de espejos rotos.