PANORAMA POLÍTICO

Por Max Oñate Brandstetter

“La democracia es una creencia patética en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual”
Henry-Louis Mencken

Se han “incrustado distintas voces” en la “opinión pública” acerca de los resultados electorales, responsabilizando una y otra vez a quienes no votaron, por lo tanto, el resultado electoral es consecuencia de no haber ido a votar.

Al ocurrir la “primera vuelta”, tanto como los resultados parciales de las elecciones parlamentarias (que no estuvieron listos, sino hasta principios del año 2018), sinceramente pensé en un inevitable (aunque ajustado) triunfo de la candidatura de Guillier por sobre la de Piñera, como consecuencia de la trayectoria histórica del comportamiento electoral:

1° Las candidaturas de centro-izquierda superaban nominalmente (todas juntas) a la fusión de ambas candidaturas de derecha.

2° La tendencia histórica a la baja en la participación electoral en la segunda vuelta (salvo en su debut, de Lagos contra Lavin).

Este preciso indicador fue el que se modificó y con ello, movió en constante dinamismo cualquier signo de predicción política, basada en los comportamientos previos en Chile.

En segunda vuelta, los votos totales superaron los 7 millones de participantes, colocándola como la segunda vuelta más participativa de la historia, sumando el hecho de que el ascenso de Piñera no se debió a que Guillier no sumara todos los votos de la centro-izquierda (algo muy recurrente, si tomamos en cuenta el descenso electoral en segunda vuelta), sino que convocó más de 500 mil votantes más (la opción derechista), aunque sin asumir que es parte de la variabilidad del voto, como expresión del voto voluntario e inscripción automática (como fue cuando perdió el PP en España, tras culpar a la ETA de un atentado, que inclinó la balanza electoral a favor del PSOE, en un formato de inscripción automática y voto voluntario).

Si se hubiera mantenido lo habitual del descenso electoral en segunda vuelta, la derecha no podría haber sumado más votos, puesto que el universo electoral es más pequeño, con una clara superioridad de los votos centro-izquierdistas, por lo que hubieran perdido las elecciones; por lo que la elección de Piñera, tiene que ver con la responsabilidad de quienes salieron a votar, no que faltaran votantes (aunque sí, desde el punto de vista del padrón electoral) por lo que la “culpabilidad mediática” no resiste análisis, pues está basada en una reflexión emocional de derrota electoral, de un candidato que no pudo encantar más al público, en un contexto de aumento en la participación electoral.

Las elecciones son una suerte de metáfora del enfrentamiento político, donde no gana quien dice poseer “los más nobles fines por la conquista armada”, sino quien es capaz de desplegar mejor su armamento bélico, posicionándose más rápido en territorios claves y con una superior capacidad de defensa de los territorios colonizados.

Por otra parte, Guillier no pareció interesado en los debates televisivos, quedando expuesto a la vergüenza y la crítica del otro contendor, que sin responder lo que se le preguntaba, demostró tener seguridad en todo momento, e incluso aprovechando el escenario para pedir disculpas por los errores cometidos (¿Habrá aprendido del caso Piñeragate?)

¿Qué pasa y que está pasando fuera del muro electoral?

Hay movimientos sociales, que se reactivarán con mayor acumulación de fuerza que antes (producto del rechazo transversal a la privatización de los derechos sociales, encarnados en los empresarios y políticos principalmente de derecha: ambas cualidades reunidas por Piñera), sin una meta superior –no en todos los casos- a la inmediatez de sus demandas, pero que, al no haber sido resueltas, siguen agitando su agenda pública.

Los residuos organizados de la atomización más radicalizada no permiten la confección de “un proyecto país”, pero se encuentran en proceso de recuperación de espacios públicos, construyendo en germen de la participación colectiva, vetada por la democracia representativa, por lo que tienden a sumarse en los proyectos reivindicatorios, proclamados por los movimientos sociales, sin abandonar la identidad local.

Sin duda, crecerá la presión (y presencia) de los movimientos sociales y las organizaciones locales, como consecuencia de la agudización del conflicto, instalado por el paradigma del capital financiero, lo importante es observar que ocurrirá en aquella fuerza, durante cuatro años, que desembocará inevitablemente en un cambio de gobierno, siendo derrotada la coalición de derecha, porque Piñera no puede ser automáticamente reelecto como señala la constitución.

Conclusión: el triunfo electoral de Piñera no se debió a la “falta de presencia en las urnas” de un “proyecto antagonista”, sino a la “sobreparticipacion” electoral convocada y arrastrada por la derecha, aunque dicha descripción corresponde a un debate ético y no científico. En este sentido, habrá que permanecer constantemente al tanto de la acción política de la sociedad civil autoconvocada en expresiones sociales.

El autor es Cientista Político, licenciado de la Universidad Academia Humanismo Cristiano.

Febrero 2018