LA FÁBULA DEL GIGANTE DORMIDO

Bitácora 9 (07/06/2020)

En el pasado, se pensaba que China era un gigante que dormía plácidamente, pero que en silencio preparaba su estrategia para darse a conocer como el primer gigante del siglo XXI. «Dejen que China duerma, porque cuando despierte, el mundo temblará», dijo Napoleón Bonaparte.

China es hoy una nación de enorme influencia mundial que inunda los mercados con sus productos, cultura y tradiciones. El coronavirus, por su parte, se ha encargado de acelerar la transformación del país asiático, que avanza a pasos agigantados en su proyecto de convertirse en la primera potencia del orbe.

El sistema de planificación centralizada que ostenta se ha enfocado en las siguientes áreas: (1) Estrategia comercial focalizada en la reducción de costos de producción y venta a gran escala, ofreciendo a los mercados precios más bajos. (2) Inversión y desarrollo en infraestructura y obras públicas, incluyendo la realizada en países africanos y latinoamericanos. (3) Mantención del valor de su moneda (Yuan), impidiendo su apreciación en el mercado internacional, lo que implica un estímulo a la industria y sus exportaciones. (4) Facilidades a las empresas extranjeras para instalarse en el país, lo que transformó a China en la fábrica del mundo.

El regreso de China a la escena mundial era inevitable, en parte porque junto a India siempre fueron el motor del mundo hasta el siglo XXVIII. Si bien en los últimos 200 años se produjo un notorio dominio occidental, esto debiera observarse como una anomalía histórica de la era cristiana, al fin y al cabo, todas las anomalías tienen un final.

El retorno de China a su sitial es un hecho. Al final de esta batalla contra el Covid-19 los registros mostrarán que el gigante asiático fue mucho más competente que Estados Unidos en el manejo de la pandemia. Si el país norteamericano tuviera la misma cantidad de muertos por millón de habitantes que China, entonces tendría menos de 1.000 fallecimientos, en contraste con los 110.000 que registra actualmente.

Esta crisis sanitaria ha demostrado que los países asiáticos funcionan tan bien, y hasta mejor, que las naciones occidentales. En China, la población acata las indicaciones del Gobierno no tanto por la represión (régimen autoritario) sino más bien por su cultura.

Si nos fijamos en las muertes por millón de habitantes, Bélgica tiene alrededor de 800, España (580), Reino Unido (560) e Italia (550) superan los 500, y Estados Unidos registra más de 300 muertes por millón. En cambio, China y los demás países asiáticos (Japón, Corea del Sur, Singapur, Hong-Kong) ninguno supera la barrera de los 100 muertos por millón de habitantes.

Es evidente que las naciones orientales han enfatizado la importancia del Gobierno y el respeto a las instituciones, mientras en Estados Unidos ha sucedido lo contrario. Prueba fehaciente de ello (a modo de ejemplo) es la masiva campaña de testeo contra el Covid-19 realizada en Wuhan, donde se testeó a 10 millones de personas en tan sólo dos semanas.

En mayo de 2020, la capital de la provincia china de Hubei (donde se inició la pandemia) trabajó incansablemente, las 24 horas del día, con el objetivo de testear la totalidad de la población de la ciudad, aumentando rápidamente su capacidad desde los 300.000 a más de un millón de test diarios.

«No sólo muestra confianza y determinación en la lucha contra la epidemia en Wuhan, sino que también ofrece una referencia a otras ciudades para su prevención», destacó Li Lanjuan, epidemióloga y experta de la Comisión Nacional de Salud de China.

Las pruebas se centraron en los residentes que aún no se habían sometido a ningún test. No se reportaron casos activos de Covid-19 como resultado del proceso, aunque fueron encontradas y puestas en cuarentena 300 personas asintomáticas.

La ciudad invirtió 900 millones de yuanes (US$ 126 millones), dijo el vicealcalde ejecutivo, Hu Yabo, agregando que fue un gasto «totalmente valioso» ya que Wuhan busca asegurar a sus residentes y al resto de la población china que la economía local vuelve a funcionar. Las pruebas fueron voluntarias y gratuitas, y todos los costos corrieron a cuenta de los gobiernos de la ciudad y sus distritos.

¿Cómo se logró testear a 10 millones de personas en tan solo 18 días? Wang Weihua, subdirectora de la Comisión de Salud Municipal de Wuhan, precisó que 63 agencias de pruebas se movilizaron para aumentar la capacidad de llevar a cabo los exámenes. Además de las 23 agencias calificadas para realizar dichas pruebas, Wuhan sumó a otras 40 instituciones médicas de la ciudad. El número de trabajadores dedicados a esa labor aumentó de 400 a 1.500 y el número de equipos se triplicó llegando a los 700. Con el personal trabajando por turnos y las máquinas funcionando en todo momento, las pruebas se realizaron 24 horas al día hasta completar los 10 millones de test.

«Wuhan y sus ciudadanos ahora están a salvo», indicó Li Lanjuan. No hay que olvidar que Wuhan sigue representando la mayor parte de los 83.000 casos confirmados y de los 4.634 decesos registrados en todo China.

Junio 7 de 2020.