RECUERDOS EN SEPTIEMBRE

Ya tengo WI-Fi en mi casa con lo cual he ampliado mi horizonte hasta el punto de poder ver y oír la presentación en Chile de un libro sobre los militares constitucionalistas que no se plegaron al golpe de Pinochet el 11 de septiembre del 1973. Se mencionaron los nombres de dos ex oficiales de la FACH que tuve entre mis alumnos cuando en el Instituto de Economía de la Universidad de Chile que dirigía a la sazón, organizamos un curso de economía política para “empleados públicos”. Pero debo confesar que motivado en ese empeño por mi entonces amigo y alumno en la Escuela de Economía, el Capitán Raúl Vergara, solamente aceptamos “empleados públicos que eran oficiales de la FACH”.

Me consta entonces que no todos los militares chilenos estaban contagiados de una mística gremial según la cual confundían el defender la Constitución con defender el orden social establecido dentro del cual consideraban que estaba su presente y su futuro.

Raúl Vergara y el pololo de una amiga de mi esposa que cursaba con ella la carrera de educación de párvulos, me contaron sobre las reglas “sociales” básicas de las instituciones militares chilenas. En particular me asombró lo que un joven oficial del ejército me conto sobre como si alguno de ellos tenía intenciones serias de casarse, debía presentar a la candidata a novia ante las esposas de los oficiales superiores de su regimiento a los efectos de recibir de ellas el correspondiente visto bueno. Intuí la existencia de una especie de sub cultura militar que abarcaba tanto la convivencia profesional como lo social, o sea un ideología propia conformada por la admiración del éxito militar fuera de un contexto político, ético y moral internacionalmente aceptados así como por el hacer socialmente lo que un oficial debe hacer en la sociedad en la cual vive y considera su deber conservarla. Pude comprobarlo al escuchar una vez al general Leigh su pública admiración por la Luftwaffe de Hitler y si no recuerdo mal, la admiración de Pinochet por el ejército nazi y sus éxitos militares. Desde luego que ni Leigh ni Pinochet albergaron amigos judíos franceses en sus casas como se hizo en la mía durante los años de la ocupación de Francia por los alemanes, que trataban de escapar a su deportación a Alemania, ni soldados alemanes entraron en sus casas como lo hicieron en la mía para llevarse detenido a mi padre.

Como he sido profesor universitario y conozco la fuerza de las ideas, esas experiencias me obligan a pensar en cómo hoy en día se siguen preparando los futuros oficiales de las fuerzas armadas chilenas en sus correspondientes escuelas militares. ¿Hay alguna vigilancia por los políticos sobre los cursos que reciben y sobre su contenido ideológico? ¿Sigue vigente para ellos la doctrina del “enemigo interior” conformada por los izquierdistas en un país latinoamericano? ¿Son Cuba, Venezuela y Nicaragua partes del “imperio del mal”, según lo denomino Reagan, que no sucumbieron en 1991? ¿Aceptarían hoy un gobierno de izquierda que quisiera transformar a Chile? ¿Estarán dispuestos a integrar una fuerza de coalición para invadir Venezuela?

¿Hay algún político chileno al menos pensando en esta temática, o todavía inspiran demasiado terror los militares chilenos? Si es así, triste es vivir debajo de una espada de Damocles.

Carlos Romeo

La Habana, septiembre del 2018